Cómo los vacíos institucionales europeos, ejemplificados por el caso Puigdemont, reflejan los límites de la gobernanza en un orden internacional cada vez más incierto.

Europa ante sus vacíos institucionales: caso de Carles Puigdemont
Así como los vacíos institucionales en Europa permitieron a un actor regional condicionar durante años la política española —el caso de Carles Puigdemont—, la crisis actual del orden internacional muestra que incluso las instituciones multilaterales más sólidas vacilan entre garantizar el cumplimiento de normas o adaptarse a una lógica de poder geopolítico.
El debate abierto dentro de la propia Unión Europea es revelador. Las instituciones europeas no solo gestionan conflictos externos; también reflejan tensiones internas sobre el rumbo que debe tomar el proyecto europeo. Esa fragmentación recuerda, en otra escala, a la que se observa cuando interactúan jurisdicciones nacionales y europeas en casos como el de Puigdemont.
La Unión Europea, que durante décadas se presentó como el laboratorio más avanzado de un orden internacional basado en normas, se enfrenta ahora a una pregunta fundamental: si debe seguir defendiendo ese modelo o asumir un mundo donde las reglas ya no bastan por sí solas para ordenar los conflictos.
Los vacíos institucionales, sin embargo, nunca permanecen vacíos. Ya sea en la política interna de un Estado o en la gobernanza global, esos espacios terminan siendo ocupados por actores capaces de utilizarlos estratégicamente.
La política contemporánea parece atravesada por una paradoja: nunca ha habido tantas instituciones, tratados y mecanismos de cooperación, y sin embargo las crisis revelan con frecuencia sus límites. En ese contexto, fenómenos aparentemente distintos —la crisis territorial española o la creciente inestabilidad geopolítica— pueden leerse como manifestaciones de una misma dinámica institucional.
Sobre esa conexión trata este artículo:
“Puigdemont y los vacíos del poder”, el segundo de mi dossier sobre «Federalismo».